El arte de la muerte

Cuando uno observa imágenes de obras que sabe que ya no están ahí tiene la extraña sensación de que está lidiando con algo cuanto menos desconcertante, como cuando uno mira los retratos de personas difuntas. Es así, ya que se basa en que cierta materia por sí misma no es arte porque ya no existe como tal.

En la obra de Sergi Quiñonero podemos adentrarnos fácilmente en una paradoja filosófica muy debatida sobre lo material y la identidad. Esta paradoja nos cuestiona cuándo un trozo de barro se constituye en obra de arte y en qué momento vuelve a dejar de serlo. ¿Es el barro una obra de arte en sí mismo cuando simplemente es un amasijo de lodo? ¿O en qué momento deja de ser barro para ser otra cosa? ¿Cuándo temporalmente deja de ser arte para volver a ser simple materia? ¿Qué son realmente esas fotografías de la obra de arte si ya no existe la materia que la originó?

Irrupción
La cúspide de la pirámide

En La cúspide de la pirámide o en Irrupción, por ejemplo, vemos que ambas piezas usan materiales que sobrepasan incluso los límites de la paradoja. Estas obras son ya otra cosa antes y después, y,  por si fuera poco, desaparecen por completo en un corto lapso de tiempo por el uso de materiales orgánicos. Rompiendo la continuidad material del barro, que puede durar miles de años antes y después de la obra, el material orgánico que usan muchos artistas de la naturaleza tiene una obsolescencia genética programada, y además esos materiales nacen y mueren con otra finalidad: en el caso de los animales y los frutos es la misma reproductibilidad de la especie.

Así pues, el artista recoge cierto material, caracoles o manzanas, y los hace pasar por su crisálida mágica convirtiendo ese material en arte. Lo interesante es que la materia originaria aún es visible, es decir, que se ven los caracoles y las manzanas, a parte del resultado de la metamorfosis. En el caso del barro u otros materiales tradicionales como el metal o la madera no ocurre tal cosa pues son materiales amorfos en alto grado. Pero volviendo a las obras de Quiñonero, el artista no nos “esconde” la materia en la obra de arte, sino que siendo ésta visible adopta también su condición artística. 

Esta doble identidad de las obras es un mérito del artista que es capaz de ponernos en contacto con la creación sin renunciar a la continuidad material de los elementos constitutivos, como en el caso de los caracoles o las manzanas, que se degradan y perecen. Así es como se articula el arte efímero. Aunque más que efímero deberíamos llamarlo arte pasajero o arte de la muerte porque efímero es todo. Los museos están repletos de arte efímero ya que si las piezas estuvieran a la intemperie no durarían los siglos que acumulan y especulan.

La gran diferencia radica pues en que las obras mal llamadas efímeras tratan sobre la muerte pues la narran mientras duran. Y las fotografías de dichas obras, ¿cómo encajan en todo esto? Algunas dicen que la fotografía es la obra en sí o que es parte también de la pieza, como si la fotografía fuera la extensión ontológica de la obra de arte, salvándola de lo efímero. Sin embargo, la intuición me lleva más por el lado de Sontag o Barthes que sostienen que la fotografía es un documento de la muerte.

Puntos suspensivos
3 metros cúbicos de cielo

Cabría pensar que piezas como Puntos suspensivos o 3 metros cúbicos de cielo realizadas en piedra son perennes, pero aquí el material nos juega una mala pasada. Si las piedras son más imperecederas que los caracoles, las manzanas o el barro formado, ¿podemos considerarlas también efímeras si son inmutables por millones de años? Dejando de lado la relatividad espacial, los vandalismos y la fuerza de los elementos, la respuesta a esta cuestión es que la piedra refleja lo efímero, es el espejo de la muerte. Su estar impertérrito en el mundo es la referencia del paso del tiempo de las otras cosas que sí perecen visiblemente y por tanto como observador o punto de referencia también forma parte de ello.

La piedra justamente hace que el concepto de Arte efímero sea impreciso e incompleto. Tal vez hablar de Arte de la muerte o Arte pasajero sea más justo a pesar de que en nuestra cultura tenga connotaciones poco agradables. Incluso en la performance también podríamos aplicar esta etiqueta con propiedad porque el acto pasa o como acto ya ha muerto, el artista deja de ser obra y ésta ya no tiene vida. Este arte de la muerte no representa la muerte, sino la estética de la muerte que está presente en la naturaleza y obviamente en todos los seres vivos. El arte de la muerte es un arte ritual necesario que ensalza cualquier otra creación artística haciéndola metafóricamente inmortal.

© 2020, Jordi González Castelló

Comment 1

  1. Carlos de Gredos 25 septiembre, 2020

    Etimológicamente efímero significa todo lo que sucede en un día, eso puede ser una eternidad.
    Nos preocupamos demasiado de lo que no existe y es el Tiempo. Paradoja donde las haya pues tenemos medios para autoengañarnos a cada segundo.
    Si pensáramos más en la metamorfosis descubriríamos que en su interior se encuentra el amor, eso que quien lo posee lo hace inmortal.
    La materia, toda la materia es sagrada, lo que puede cambiar es nuestro uso de ella y como tal, arte. La materia proviene de un gran acto consciente de artificio luego sin necesidad de modificarla ya es arte. Como está escrito en el Centro de Arte y Naturaleza Cerro Gallinero, de la mano de John K. Grande: “Nature is the art of which We are a Part”.

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